Etapa fundacional

 

Ocupando la Cátedra de San Pedro en Roma S.S. el Papa Pio XII y siendo obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante el Excmo. y Rvdmo. Sr. Doctor D. Francisco Javier de Irastorza y Loinaz, el Padre Justo Beguiriztain, de la Compañía de Jesús (jesuitas), comienza a poner las primeras piedras de lo que serán las Congregaciones Marianas de San Luis Gonzaga y San Estanislao de Kotska, una institución que tan honda repercusión tendrá en las venideras generaciones de alicantinos. Nos encontramos en el año 1916 y el Padre Beguiriztain será su director entre este año y 1918. 

 

Ya en 1918, terminada su labor como fundador de la Congregación Mariana en Alicante, fue destinado a predicar la Palabra de Dios por tierras de Misiones, sucediéndole en el cargo el Reverendo Padre Rafael Esplá Rizo (jesuita) como segundo director de esta Congregación Mariana de Alicante (de 1918 a 1929). Este alicantino ejerció una tarea infatigable consiguiendo infundir y alentar su entusiasmo, amor y devoción hacia la Virgen María entre sus jóvenes discípulos con la intención de formarlos como hombres de un mañana que se presentía amenazado por la voracidad destructiva del fuego. Eran tiempos extremadamente difíciles. El mundo entero se encontraba tras la Gran Guerra inmerso en el primer gran holocausto de la era moderna y en medio de este gran caos universal, el Padre Esplá supo inculcar a los jóvenes de los que se rodeó el Espíritu genuino y propio de la formación del Congregante: la Piedad y el Apostolado.

 

Ese enorme esfuerzo del Padre Esplá, antes incluso de llegar a dirigir la Congregación, tuvo como resultado que el día 1 de agosto de 1917 se verificase la primera imposición de medallas a los 35 hermanos fundacionales y quedase constituida la primera Junta Directiva de la “Cofradía de la Virgen Dolorosa”, como una sección de la Congregación Mariana, siendo Hermanos Mayores D. Enrique Ferré Ravello y D. Enrique Ravello Montesinos, en la Iglesia del Carmen del alicantino Barrio de Santa Cruz.

 

En ese momento el Padre Esplá entrega a la Cofradía una imagen de una Virgen Dolorosa en torno a la cual se funda la Cofradía. La talla era obra del insigne escultor murciano D. Francisco Salzillo y se encontraba al culto en la misma iglesia del Carmen que, sede de la Cofradía.   

 

Al año siguiente, 1918, coincidiendo con el inicio del Padre Esplá en el cargo de director de la Congregación y debido al gran entusiasmo que había causado la creación de la Cofradía entre los Congregantes, tuvo lugar su primera salida procesional en la Semana Santa para formar parte de la Procesión General del Viernes Santo vistiendo sencillas túnicas blancas con adornos morados.

 

La Virgen Dolorosa sale por vez primera a la calle y documentadas en la prensa de la época aparecen las primeras saetas que despertó la Dolorosa en los corazones de los alicantinos:

 

“Miradla por dónde viene

caminito del calvario;

No la detengas, que marcha,

a llorar por tus pecados.”

 

Un año más tarde, en 1919, el Padre Esplá continua transmitiendo su ilusión a los jóvenes integrantes de la Congregación por la Cofradía animándoles a formar parte activa de la misma. Dentro de la Congregación de San Estanislao de Kotska surge un grupo de jóvenes que desarrolló una gran devoción motivada por las enseñanzas del Padre Esplá hacia la figura de San Juan Evangelista, a los que entonces se conocía popularmente como “Sanjuanistas”.

 

El Padre Esplá encargó entonces a los hermanos de la Congregación de San Luis Gonzaga, conocidos entre ellos mismos como los “Luises”, el cuidado de la Dolorosa y encarga a los “sanjuanistas”, congregantes de San Estanislao de Kotska y autodenominados “estanislaos”, la organización de la Cofradía de San Juan Evangelista como respuesta a la devoción por el discípulo amado que había surgido entre ellos y para que acompañase a la Dolorosa.

 

Es entonces cuando D. Tomás Valcárcel Deza, alma mater de esta Hermandad y protagonista de su historia a lo largo del siglo XX, trae desde el barrio de Villafranqueza una imagen de San Juan que generosamente le presta el párroco, depositándola desde ese momento en la Iglesia del Carmen.

 

Ese mismo año 1919, “los estanislaos” pudieron sacar en procesión a su santo patrón, que desfilaría detrás de la Dolorosa. Para ello, eligieron una indumentaria que resultó tremendamente llamativa en la época: túnica de terciopelo verde con adornos en rojo y capirotes de raso también de color verde.

 

En el año 1920, los cofrades de la Dolorosa cambian su vesta blanca primitiva por una de terciopelo morado con capirote, cuello, bocamangas y cíngulos blancos también de terciopelo. La Cofradía contaba ya con 60 hermanos siendo sus Hermanos Mayores D. José Richart y D. Francisco Vidal.

 

Pasan los años; los pasos se mejoran y cada Martes Santo se trasladan desde la iglesia del Carmen hasta Santa María para la procesión del Santo Entierro del Viernes Santo, los hermanos crecen en número y mantienen en sus desfiles procesionales un sabor característico de religiosidad y orden.

 

Pero en el marco de una convulsa situación política, el 12 de abril de 1931 triunfa la coalición de republicanos y socialistas en las elecciones municipales y el rey Alfonso XIII abandona el país proclamándose la República en España el 14 de abril. 

 

La Hermandad no hace mucho que había adquirido al escultor valenciano D. Enrique Bellido una imagen propia de San Juan Evangelista. Ese año la Semana Santa se celebraba a principios del mes de abril siendo Martes Santo justo 14 días antes de proclamarse la República. Entonces, fieles a su cita salieron a las 21:30h de la Iglesia del Carmen las “Cofradías de la Dolorosa y San Juan Evangelista”, siguiendo el itinerario: Carmen, Cienfuegos, Argensola, plaza de Juan Poveda, Infanta, Alfonso el Sabio, López Torregrosa, Rambla, Plaza de Castelar, Francos Rodríguez y, por Villavieja llegaban a Santa María, donde esperaban para participar en la procesión general del Santo Entierro como el resto de Cofradías de la ciudad en la tarde del Viernes Santo. Sin saberlo, los de ese año serían los últimos desfiles procesionales de Alicante hasta 1940.

 

Lejos de apaciguarse el ambiente, los cambios en las estructuras políticas y sociales vuelven a conmocionar la vida política y alteran profundamente la convivencia de una sociedad que había sido tantas veces vapuleada en muy pocos años. Se suceden las huelgas, las revueltas o motines e incluso los atentados contra cualquier tipo de procesión o manifestación religiosa de toda índole. Así, la noche del 11 de mayo, en medio de este clima anticlerical, se producirá la desgracia más importante en la historia de la Cofradía: un grupo de incontrolados incendia la Iglesia del Carmen y con ella, y al igual que sucedió en miles de iglesias en toda España, ardieron las imágenes de la Dolorosa y de San Juan Evangelista, así como todos los enseres de ambas Cofradías.

 

Tras las pérdidas patrimoniales por partes de las cofradías alicantinas, al año siguiente tendría lugar un suceso que acabaría momentáneamente con la Semana Santa en la ciudad. El día 7 de marzo de 1932, el Gobernador Civil de Alicante D. Francisco Valdés Casas envía un telegrama a todos los alcaldes prohibiendo en toda la provincia las Procesiones de Semana Santa. Ninguna procesión recorrió las calles de la ciudad esa Semana Santa y el periódico republicano “El Luchador” destacó en grandes titulares: “En este régimen democrático, en los templos los católicos han solemnizado las fiestas religiosas, mientras que, en las calles, el ciudadano ha seguido su vida ordinaria”. 

 

Las Cofradías hermanas de la Dolorosa y San Juan Evangelista quedaron disueltas a efectos prácticos y no fue hasta el final de la ya inminente Guerra Civil cuando volverán a reorganizarse. Sin embargo, sus integrantes proseguirían con su devoción hacia sus Santos Titulares siguiendo las enseñanzas de su maestro, el Padre Esplá, y su sucesor, el Padre Jesuita Joaquín María Vendrell en la clandestinidad durante todo el periodo de la II República y durante los años que duró la contienda bélica.

Segunda época

 

Se puede afirmar con toda seguridad que aquí termina lo que se podría calificar como “primera época” de la Cofradía, o “era fundacional”. Y es que no es hasta el término de la guerra civil, en el año 1940, cuando las hermandades de la Dolorosa y San Juan se reorganizan en una única corporación teniendo de nuevo como punto de encuentro, base espiritual y motor propulsor y aunador de voluntades a la Congregación Mariana, que desde 1940 dirigirá el R. P. Jesuita Jerónimo Massanet.

 

Los supervivientes de entonces vuelven a reunirse con más ilusión, si cabe, que la primera vez y hablan de volver cuanto antes a dar vida a la Congregación y al culto hacia sus antiguos patronos. 

 

La Junta de Gobierno de la Hermandad en esta nueva etapa la compondrán hermanos que ya ejercieron cargos de responsabilidad en la época anterior quedando establecida: Presidente: D. Enrique Ferré Ravello. Vicepresidente: D. Francisco Vidal. Mayordomo: D. Tomás Valcárcel Deza. Secretario: D. Andrés Navarro Sempere y Tesorero: D. Sebastián Cortés. Vocales: D. José María Simón Juan, D. Antonio Ravello Montesinos, D. Tomás Figueroa de Santos, D. José García Sellés, D. Francisco Martín de Santaolalla, y D. Jacinto Calderón Antón, a los que más tarde se unirían D. Salvador Campos Penalva, D. Antonio Rubio Cortés, D. Sebastián Cortés Valls, D. Ramón Iborra Cilleros, D. Francisco Ramón Quilis, D. Antonio Poveda Boronat, D. Jaime Luna Conca, D. Francisco Antón Brotóns, D. Federico Villalba Aguirre y D. Luis Sempere Chorro.

 

A partir de entonces se sucederían como Hermanos Mayores: D. Luis Ansorena, D. Manuel Navarro, D. Heliodoro Madrona, D. Tomás Salinas Pastor, D. Ramón Guilabert y D. Rodolfo Guarinos, a los que posteriormente se le unirán D. José Lamaignere Rodes, D. Pablo Suárez Sánchez, D. Joaquín Cano Blajot y otros destacados alicantinos, entre los que se encuentra D. José María Paternina, Gobernador Civil en aquellos años y gran enamorado de la Semana Santa de Alicante.

 

También destaca la figura de Dña. Mercedes Cumming de Tato, quien ejerció como Camarera Mayor de la Virgen, un puesto que ocupó de forma vitalicia. Fue ella la que ofreciese a D. Tomás Valcárcel un busto de una Virgen que había sido hallado al término de la guerra civil entre las ruinas de un convento expoliado y quemado en el norte de España con la condición de que la restaurara y la pusiera al culto.

 

Desde el primer momento, D. Tomás Valcárcel vio en este bellísimo busto tallado a gubia en madera por manos anónimas napolitanas a finales del siglo XVI a la digna sucesora de aquella Dolorosa de D. Francisco Salzillo inmolada en la desaparecida iglesia del Carmen a causa de la sinrazón y el odio ciego vivido en la España de los años treinta. La quema generalizada de Conventos e Iglesias en los prolegómenos de la guerra, que cogió por sorpresa a los encargados de custodiar los tesoros artísticos de templos y Cofradías, hizo que la práctica totalidad de las imágenes alicantinas acabaran destrozadas a golpes o pasto de las llamas. 

 

La Cofradía había perdido a su primitiva Dolorosa en las llamas, pero de entre las cenizas rescató a la que desde entonces es la titular de la Hermandad. 

 

D. Tomás Valcárcel envió en 1941 aquel busto a Sevilla, al taller de D. Antonio Castillo Lastrucci, para que lo restaurara y lo convirtiera en la "nueva" Dolorosa de la Hermandad. El cuerpo estaba destrozado y la cara parcialmente quemada y carente de un ojo.

 

D. Antonio Castillo lastrucci restauró primorosamente el busto y le hizo un cuerpo nuevo. Las manos de Nuestra Señora de los Dolores las realizó el escultor D. Juan Miguel Martínez Fausta, “Juanito El Santero”, y tan hermoso fue su trabajo que el poeta D. Juan Sansano les dedicó un poema.

 

“...Cogió el artista magno su gubia sorprendente;

la hendió en la masa indómita con sin igual destreza,

y fue trenzando ensueños maravillosamente,

para plasmar sus ansias de amor y de belleza.

Besóle Dios las manos; besóle Dios la frente;

Sintió la aguda lanza de un malestar profundo,

y allí quedó la pena cuajada dulcemente;

¡allí quedó el milagro para asombrar al mundo!”

 

(Via Crucis nº 11 – año 1951)

 

Ese mismo año, 1941, con su reorganización y ante la desaparición de la iglesia del Carmen la Hermandad cambia de sede. Así, la Iglesia de Santa María, hoy basílica, acoge con los brazos abiertos a la Cofradía en esta nueva etapa. La antigua Capilla de la Comunión, que llevaba varios años cerrada y sin culto, ya que el Santísimo se había trasladado a la Capilla de la Inmaculada, es entregada a la Hermandad por el Obispo de la Diócesis para que allí exponga al Culto sus imágenes, pues, aunque en ese momento sólo poseía la Hermandad la imagen de la Dolorosa la intención desde el primer momento fue la de recuperar la devoción hacia San Juan Evangelista.

 

En ese momento se encarga un altar y un retablo a maestros estucadores al modo de las decoraciones propias del Barroco y Rococó acordes a la época en la que fue construida esta Capilla (s. XVIII) con fondos públicos mediante un concurso convocado por el Excmo. Ayuntamiento. El retablo fue riquísimo en cuanto a ornamentación y aunque no se ha conservado hasta la actualidad, en el archivo documental de la Hermandad se dispone de fotografías del mismo. De él, entre las volutas y rocallas, emergían siete querubines que portaban otras tantas lámparas en representación de las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz, todo ello dorado al oro fino y coronado por el escudo de la Hermandad.

 

El día 31 de marzo de 1942 la Dolorosa vuelve a salir sola, al igual que antaño, como lo hiciese por primera vez en 1918, y vuelve a despertar la profunda admiración de todo aquél que acude a contemplar su salida. La Virgen procesionó con una saya de raso blanca bordada en hilo de oro y cubierta por un sencillo manto en azul marino sin bordar. La corona fue realizada en plata por orfebres cordobeses y el exorno floral se compuso a base de lirios y azucenas. Ese año estrenó los varales que hasta 2018 han sustentado el palio de la Virgen de los Dolores y que fueron vendidos, tras la adquisición de otros de nueva factura, a la Cofradía del Cristo Crucificado de Torrevieja para sostener el palio de la Virgen del Silencio y San Juan de dicha localidad alicantina. Pero entonces, su palio era sencillo; de encaje y terciopelo y presidido en su frontal por el escudo de la ciudad. Las puertas de Santa María se abrieron a las 22:00h y tras la marcha de la Banda del Regimiento de Artillería nº 18 de Murcia venida especialmente desde la ciudad hermana para acompañar a nuestra Virgen procesionaron los nazarenos con hachones y vistiendo sencillas vestas blancas. Delante del paso, se estrenó un “simpecado” bordado por D. Tomás Valcárcel al estilo de los de Sevilla, que sigue encabezando el cortejo de la Virgen en nuestra Hermandad cada año y que cuenta con una pequeña Inmaculada tallada por D. Antonio Castillo Lastrucci y con unos bellísimos ángeles en oro y plata que portan la leyenda “Sine labe concepta”.

 

Ese mismo año, según consta en los archivos de la Hermandad, se desplazan a Sevilla el presidente D. Enrique Ferré Ravello, el secretario, D. Andrés Navarro Sempere y el Mayordomo D. Tomás Valcárcel Deza para visitar el taller de D. Antonio Castillo Lastrucci en la calle San Vicente nº 52 de la capital Hispalense con la idea de encargar una imagen de Cristo Expirante de tamaño mayor que el natural. La Imagen fue tallada en madera de cedro y policromada por el precio de 10.000 pesetas. También encargaron un San Juan Evangelista de tamaño natural para que acompañase a la Virgen de los Dolores. La talla fue concebida para ser vestida y tallada por el precio de 5.000 pesetas. D. Antonio Castillo Lastrucci se comprometió a que el primero estuviese terminado en marzo del año siguiente, 1943, y el segundo en el mes de febrero. D. Tomás le pidió expresamente que el Evangelista debía ser muy mediterráneo y que derrochase juventud en un guiño hacia sus devotos originales, “los sanjuanistas”.

 

 

Llegado el año 1943, cumpliendo con lo acordado, por mediación de la familia Ravello y en el vapor “Cabo Silleiro” de la Compañía Ibarra llegan al puerto de Alicante la imagen del Cristo del Mar, de San Juan Evangelista y el trono que ha de portar al Crucificado desde los talleres del escultor sevillano. Junto al Cristo dentro del cajón había una nota manuscrita por los empleados del taller que decía: “Santísimo Cristo de la Expiración, ten a bien desde Alicante el mandar algo de turrón a aquellos que te metieron dentro de este cajón”. Por supuesto, la Hermandad respondió enviando a Sevilla una buena muestra de dicho manjar alicantino.  

 

Desde el primer momento, todas las gentes del mar: personal portuario, marinería de carga y de pasaje y los pescadores que tenían sus embarcaciones al abrigo de la dársena del puerto de Alicante, lo erigirán unánimemente como su Patrono y a él dirigirán sus rezos cada vez que embarcasen para realizar sus labores marineras. Su advocación de Cristo de la Expiración rápidamente se vio sustituida por la de Cristo del Mar.

 

“Al Cristo del Mar, Patrono de la Marinería:

 

...Vendrá por lo azul, dejando una estela blanca en su viaje, nuestro Cristo del Mar. Lentamente, como cumpliendo una expresión de serenidad y convencimiento, llegará a nuestras almas, a nuestros corazones henchidos de emoción. Con esa luz, con esa clara transparencia de la belleza y del recogimiento. Marineros y pescadores –pies descalzos y brazos desnudos a la brisa- le darán escolta. Remos y redes, y un trono humilde, marinero. Barcas, balandros, veleros, embarcaciones de todas clases; hombres del mar y de las tierras costeras, saldrán a recibirle formando séquito de amor, honor y veneración...”

 

D. Manuel Molina (Vía Crucis nº1 – año 1943)

 

Una noche de abril previa a la Semana Santa de 1943 la Hermandad rindió tributo a toda esa gente que tan bien había recibido al Cristo y así, el Crucificado hizo su entrada en una barcaza por las aguas del puerto. La dársena permanecía iluminada por centenares de antorchas y se contó con una guardia de honor compuesta por decenas de soldados del regimiento de Infantería de Alicante. La voz en off de D. José María Simón leyó los versos de la Consagración del Cristo del Mar de Dña. Aurelia Ramos:

 

“...Tiende tus redes, señor;

que los pobres pecadores

tienen fe en los pescadores

que ponen por cebo Amor...”

 

La imagen del Cristo se entronizó sobre las aguas del puerto de Alicante bendiciendo al mar y a sus gentes. Como símbolo, se le puso una red pendiente de la cruz, queriendo significar la atracción de las almas al camino de la salvación. Desde aquel año se ha venido sucediendo hasta la actualidad, sin interrupción, el Vía Crucis del Cristo del Mar en la noche del Viernes de Dolores reviviendo aquel momento mágico que acabamos de relatar en el que el Cristo llega por mar a su Alicante y entre devotos rezos se dirige a Santa María. También desde entonces siempre ha procesionado escoltado por tropas de Infantería de marina y con la red pendida de la cruz.

                         

El trono que utilizaría la Cofradía para procesionar esta imagen vino a Alicante en el mismo barco. Fue adquirido con la mediación de D. Antonio Castillo Lastrucci a la Hermandad de Jesús Despojado de Sevilla, así como sus potencias en plata sobredorada. Estas magníficas andas de caoba con respiraderos de plata, fueron confeccionadas para esta Cofradía  por D. Manuel Casana Gómez en sus talleres de Sevilla en 1940. El Misterio sevillano de Jesús Despojado procesionó con ellas los años 1941 y 1942, y en la primavera de 1943, el Cristo del Mar las reestrenaría en su primera estación de penitencia por las calles de Alicante. En la actualidad en dicho paso procesiona el Misterio del Santísimo Cristo de las Penas cada Domingo de Ramos.

 

Ese mismo año también habría otros estrenos. La Virgen de los Dolores estrenó el fastuoso manto bordado en los talleres de D. Tomás Valcárcel por cerca de cuarenta bordadoras que fueron estableciendo turnos casi ininterrumpidos durante un año para llevar a cabo esta gran tarea en tiempo récord. Ha llegado a ser conocido popularmente con el paso de los años como “Manto de las Palomas”, llamado así por ir bordado en el terciopelo sobre los arabescos de oro y los grandes medallones ovalados de las escenas de los Siete Dolores de la Virgen, un delicado juego de 43 palomas bordadas en hilo de plata con las alas al aire. El efecto que se consigue, cuando es movido por sus costaleros, es el de ir las palomas batiendo sus alas, debido a la existencia de delicados muelles que las separan del terciopelo del manto. En el centro de la pieza aparece bordado el escudo de la Hermandad y, uniéndolo todo, una bellísima maraña de arabescos, hojas de acanto, muérdago, volutas y rocallas salidas de la imaginación de D. Tomás Valcárcel. También estrenará la Dolorosa este año de 1943 una hermosa saya bordada por él mismo.

 

Y por fin, se cumplió el anhelo de incluir en el trono de la Virgen a San Juan Evangelista acompañándola camino del Calvario. Llama la atención, desde el primer momento, su juventud y jovialidad para intentar redimir a la Dolorosa parte de su intensa y profunda agonía.

 

“Mitigando los Dolores

y duras penas del alma

y levantando fervores,

deslumbrador entre flores,

sale San Juan de la Palma”

 

Desde este año, los Hermanos portarán palmas en lugar de hachones de cera, lo que contribuirá significativamente a diferenciarlos del resto de las Cofradías.

 

En el año 1945 procesionó un tercer paso en la Cofradía con una Imagen del Santísimo Ecce-homo. Dicha Imagen pertenecía a la familia alicantina Sánchez Esteve y se incluyó en la Cofradía por mediación de D. Tomás Valcárcel, al cual le unía una gran amistad con la familia. Se trataba de una talla de Jesús presentado al pueblo de Jerusalén que había sido tallada por D. Juan Martínez Fausta, "Juanito el Santero". La Imagen que sólo participaría con nuestra Hermandad en esa oacasión sirvió un año más tarde para la constitución a su alrededor de la Hermandad alicantina del Ecce-homo que la sustituiría años después. 

                     

En definitiva, Alicante recibió con los brazos abiertos el renacimiento de esta Hermandad. Ya en estos primeros desfiles procesionales constan inscritos 900 Hermanos, llegando, pasado un tiempo, a un máximo de 1.200.

 

Más adelante, en el año 1947, se estrenará el Palio del trono de la Dolorosa que hará juego con el Manto de las Palomas, habiendo la Virgen lucido un segundo palio intermedio, de color blanco y con una gran paloma bordada en el cielo que sirvió de prueba para este tercero y definitivo. El estreno de la obra tuvo gran repercusión en la ciudad quedando descrito en la prensa de la siguiente manera:

 

“Toda la Gloria va cuajada de arabescos de oro con malla, ostentando en el centro un medallón de metro y medio de longitud y uno de ancho bordado con seda de varios colores sobre malla de oro. En el centro del medallón ha sido bordado en relieve el Espíritu Santo y un juego de ángeles y querubines ostentando los atributos de la Hermandad; uno de ellos lleva la Palma de San Juan, otro la Cruz del Cristo del Mar y un tercero, una rama de azucena como símbolo de la Virgen. Los baldaquines del palio, que han sido bordados por ambos lados y recortados con gran precisión llevan cada uno cinco medallones de malla de oro cuajados de preciosos arabescos del mismo metal. Como sea, repetimos, que tiene la particularidad del bordado doble, su confección ha sido costosísima, lográndose una perfecta obra.

 

Los lados anterior y posterior del palio, siguen la misma armonía que los costados y ostentan en el centro un tríptico de ángeles bordados asimismo en oro que se hallan adorando al Santísimo Sacramento del Altar como símbolo de la Hermandad Sacramental. Dichos ángeles se hallan prendidos en el aire portando la corona real. Las alas de los ángeles quedan completamente sueltas, con el fin de que formen conjunto con las palomas del manto de la Virgen.

 

Todas las caídas (baldaquines) del palio llevan los flecos cuajados de bellotas de oro fino y los remates de los laterales y frontis de los que cuelgan dieciocho cordones con borlas, también en oro fino.

Más de dos docenas de mujeres especializadas en estos trabajos, se fueron alternando en turnos diarios durante un año y medio, estimándose su valor en más de 300.000 pts., ya que, entre mucho más material, se han utilizado más de 20 kilos de oro fino."

Diario Información (11/03/1947)

                                                                

Fundación Hdad. de la Verónica

En el año 1946, se reúnen varios miembros de la Hermandad para fundar la Hermandad de la Santa Mujer Verónica, como Hermandad filial de la Hermandad del Cristo del Mar, Ntra. Sra. de los Dolores y San Juan de la Palma, con el objetivo de dar tributo de fe y veneración a la Santísima Faz. D. Sebastián Cortés, D. José María Simón, D. Andrés Navarro, D. Tomás Valcárcel, D. Enrique Ferré, D. Antonio Ravello, D. Jacinto Calderón, D. José García Sellés, D. Joaquín Cano Blajot, D. Tomás Salinas y D. José María Paternina serán sus impulsores.

 

Pero el origen de la devoción por la Santa Mujer Verónica y la Santa Faz en Alicante era mucho más antiguo y de hecho hunde sus orígenes en la que fuese una de las cofradías más antiguas de la ciudad. Y es que existen registros que afirman que Fernando II el católico, II de Aragón, aprobó los capítulos de la Cofradía de la Santa Verónica de Alicante en 1496.

 

Según consta en los archivos de la Hermandad, Don José Vines se trasladó a Sevilla y encargó a D. Antonio Castillo Lastrucci la imagen de la Verónica y quedó su precio contratado en 6.000 pts.

 

El 4 de abril de 1947, la Verónica procesionaría por vez primera desde la entonces Colegiata de San Nicolás, donde la Imagen se ubicaría durante los primeros años, en la mañana del Viernes Santo con las andas de la Virgen del Remedio que D. Tomás Valcárcel había pedido prestadas a la Archicofradía que, muy gentilmente, las había ofrecido.

 

Ese mismo año, el 2 de junio, D. Tomás Valcárcel firmaba en Sevilla un documento con D. Antonio Castillo Lastrucci en el que el imaginero se comprometía en realizar las andas con las que actualmente procesiona por un importe total de 16.000 pts. y a entregarlas terminadas en octubre de ese mismo año. Así se hace y el año siguiente procesiona la Verónica con su propio trono.

 

También cabe destacar el magnífico manto heráldico bordado por D. Tomás Valcárcel para la Verónica entre 1947 y 1948. La obra mide 4 metros de largo por 5 de ancho. Sobre fondo azul turquesa lleva bordados con 25 kilos de hilo de oro los 148 escudos correspondientes a cada uno de los pueblos de la Provincia, agrupados en torno a sus correspondientes Partidos Judiciales. En el centro aparece el escudo de Alicante Capital flanqueado con dos ángeles que portan una filacteria en la que se lee: “Año 1948. Alicante y su Provincia a la Santísima Faz”.

 

Al acto de presentación y bendición de dicho manto fue celebrado frente a la fachada principal del Excmo. Ayuntamiento de Alicante. Fue presidido por el obispo de la diócesis y el alcalde de la ciudad y asistieron los alcaldes de todos los municipios representados en él y que habían contribuido económicamente a su realización motivados por la devoción a la Santa Faz que ya entonces traspasaba los límites de la ciudad a toda la provincia. La obra fue galardonada con el premio nacional de artesanía y es que además de por motivos obvios, lo innovador de esta obra de arte es que los escudos y los cuarteles, así como los campos de gules, sable y azur, están realizados con una nueva técnica, pues, siendo de colores, están bordados en oros y platas.

 

En 1948 la Hermandad acuerda encargar a D. Antonio Castillo Lastrucci la talla del misterio del “Santísimo Cristo de las Penas”, para acompañar a la Verónica en su procesión por las calles de Alicante. tendrá su primera salida procesional el 15 de abril de 1949 sobre el paso de la Hermandad del Ecce-homo, prestado para la ocasión, y en 1951 comenzará a utilizar las andas que estrenó el Santísimo Cristo del Mar en su primera salida y que ha presidido hasta la actualidad. El misterio representa el preciso momento en que la Santa Mujer enjuaga la cara de Cristo con un paño llevándose consigo la efigie del mismo.

 

La Hermandad mantuvo su salida en la mañana del Viernes Santo hasta el año 2009 cuando aprobó mudar su estación de penitencia a la jornada del Domingo de Ramos.

 

Fundación Hdad. de la Oración en el Huerto

La Hermandad decidirá en 1954 la fundación, como filial de la misma, de la Hermandad Sacramental de Jesús en Samaria y la Santa Oración en el Huerto. Unos pasos que habían desaparecido de la Semana Santa alicantina muchos años antes. Ese mismo año, se le encargará también al imaginero sevillano D. Antonio Castillo Lastrucci el grupo completo de la Oración en el Huerto (Cristo, el ángel y los apóstoles Santiago, Pedro y Juan), el paso sobre el que procesionaría y la restauración de la imagen del Cristo del paso de la Samaritana, encargándose ésta última a los imagineros alicantinos Hermanos Blanco.

 

Tan antigua debe ser la historia de los orígenes del Paso de la Samaritana que se ignora, ni aun aproximadamente, la fecha de la creación de esta Cofradía que, durante tantos años, y hasta 1931, figuró en cabeza de la Procesión del Santo Entierro que partía de Santa María cada Viernes Santo.

 

Se conoce que la Cofradía de la Samaritana estaba integrada por muy pocos hermanos, personas modestas, que, llegado el momento, con una derrama entre los hermanos hacían posible el montaje los arreglos y traslado del trono a la Iglesia de Santa María para su procesión anual. Así fue hasta la desaparición de las cofradías de la Semana Santa alicantina tras los sucesos de 1931.

 

Aunque se creía perdido en los incendios, la Imagen original del Cristo fue encontrada por el Señor Rodes Fajardo y D. Tomás Valcárcel a la venta en una chamarilería entre infinidad de trastos viejos, y es que una familia pudiente lo rescató y lo mantuvo oculto en su casa durante la guerra hasta que acabada la contienda lo tuvieron que poner a la venta por encontrarse en una difícil situación económica. Se trata de una escultura valiosísima del siglo XVIII sobre cuya autoría los expertos no terminan de pronunciarse y que se venera al culto en la Basílica de Santa María.

 

Por otro lado, la Hermandad de la Oración en el Huerto había sido integrada casi en su totalidad por la dependencia mercantil de Alicante. Su existencia debe remontarse a siglos, ya que en sus filas figuraban no poco número de artesanos e integrantes de aquellos gremios de origen medieval hoy desaparecidos. Si en un principio, dejando aparte postulados artísticos, esta Hermandad fue floreciente, tal vez al perder importancia el artesano, fue decreciendo el número de cofrades hasta el punto de poner en peligro la vida de la Cofradía hasta su desaparición.

 

No se conoce a ciencia cierta el nombre de la persona o personas que dirigieron esta Hermandad en lo que podríamos llamar su primera fase, pero sí sabemos que comienza su segunda etapa cuando el entonces el Rvdo. Sr. Cura Párroco de Santa María, D. Francisco Antón y Tarí, con la colaboración de algunos feligreses, y especialmente del barbero D. Juan Muntó, consiguió su reorganización en su citada parroquia el día 1 de mayo de 1927; y al año siguiente desfilaban alumbrando el paso cerca de treinta cofrades.

 

En esta segunda época, el paso, que era montado en la Iglesia de la Misericordia, era trasladado a Santa María en el atardecer del Martes Santo para integrar el Viernes la Procesión General del Santo Entierro.

 

Destacan en este periodo, por su ingente labor personal en la Cofradía, además del Padre Antón Tarí y del Señor Muntó como director de la Hermandad, el Muy Ilustre Señor Canónigo Magistral de San Nicolás, el Doctor D. Victoriano Albentosa y su presidente, D. Alfredo Barceló Hernández.

 

Finalmente, entre las tristes consecuencias de la quema de conventos de 1931, se produjo, una vez más, la destrucción y pérdida del Paso, las tallas, los ornamentos y la propia Cofradía.

 

En definitiva, estas dos Cofradías (La de la Samaritana y la de la Oración en el Huerto) fueron independientes y tuvieron su propia historia independiente hasta su desaparición. Sin embargo, en el año 1954 renacen de la mano de la Hermandad del Cristo del Mar.

 

La nueva Cofradía resultante procesionó por primera vez en 1955 desde la iglesia de la Misericordia, como guiño a sus orígenes, el Domingo de Ramos a las 23’00 horas.

 

Segunda mitad del s. XX

 En el año 1962, la Virgen estrenará la corona chapada en oro que actualmente sigue utilizando para procesionar y que fue realizada por artesanos de Sevilla con los fondos recaudados a partir de la cena que la Hermandad organizó a tal fin en el restaurante “Ivory” a las 22:30 horas del 29 de marzo de 1958.

 

El 25 de marzo de 1964, tras un sinfín de piezas recogidas en el apartado de patrimonio artístico de esta misma página web, terminará D. Tomás Valcárcel de bordar el último encargo para nuestra Hermandad y que en esta ocasión partía del Exmo. Ayuntamiento de Alicante. Se trataba de una “Bandera de Honor” que se ideó para ser entregada a la Hermandad que más méritos hubiera acumulado por el engrandecimiento de la Semana Santa de nuestra ciudad. Y reunido en pleno el Excmo. Ayuntamiento, acordó por unanimidad entregársela a la Hermandad del Cristo del Mar en agradecimiento por la recuperación de las antiguas Cofradías perdidas y por la creación de otras nuevas, por el enriquecimiento para la ciudad de tanto patrimonio artístico y por el magnífico y peculiar Vía Crucis que ininterrumpidamente desde 1942 recorre calles. Además, le concedió a la Hermandad de la Santa Mujer Verónica un privilegio especial por el cual era la única cofradía de la Semana Santa que podía desfilar por el centro de la Explanada. 

 

Desde ese mismo año, el Excmo. Ayuntamiento, en Corporación, presidiría siempre bajo mazas, tras el Gobernador Civil, la Procesión de la Verónica en la mañana del Viernes Santo, y el concejal más joven, ostentaría el privilegio de portar esta Bandera de Honor. Tradición que se perdería años más tarde.

 

En los últimos años, la Hermandad ha recuperado el sentido original de esta Bandera y nombra “Abanderado de Honor” (la máxima distinción que anualmente concede la corporación) a aquella persona que considera que ha apoyado grandemente a la Hermandad y la Semana Santa de nuestra ciudad en su conjunto. Y éste, procesiona portando este emblema como reconocimiento al trabajo y la dedicación de tantos alicantinos para que la Semana Santa sea cada vez más importante, más rica, más sentida y más alicantina. 

 

Hacia el final de la década de los años setenta, con el fin del régimen dictatorial y la llegada de la democracia llegó una época sombría para la Semana Santa alicantina. Habían sido cerca de cuarenta años de dictadura en la que el ejército y la Iglesia habían controlado de algún modo todos los aspectos de la vida política y social de España. Una larga etapa en la que la libertad no tuvo cabida y el país sufrió muchos impedimentos a la hora de evolucionar al mismo ritmo que el resto de naciones europeas quedando rezagado en diversos aspectos. La democracia trajo consigo un importante movimiento de regeneración y libertad y con ello una inmensa repulsa a todo lo relacionado con el régimen anterior, y para muestra el rechazo a una Iglesia que había quedado fuertemente desprestigiada por el papel que había ejercido durante la dictadura tan íntimamente ligado al poder. Reflejo de ese momento social la Hermandad vivió un número muy significativo de bajas en sus filas y las calles presentaban un aspecto desierto al paso de las procesiones. La Hermandad decidió agrupar varios años, ante la falta de medios económicos y de personas, la salida procesional de las tres Cofradías que la componen en un único desfile conjunto la mañana del Viernes Santo. 

 

En ese momento, hacia el final de la década de los setenta, la Hermandad decide incluir a la entonces llamada María Santísima de la Paz y Misericordia (hoy, Santísima Virgen de la Paz) en los títulos y devociones de la Hermandad.

 

De aquellos años y referida a dicha Imagen no se ha conservado en el archivo de la Hermandad gran cantidad de información y tan sólo disponemos de varias fotografías que nos muestran a una Dolorosa que constituía una copia de la Virgen de la Esperanza Macarena de Sevilla y que era propiedad de la orden de los Misioneros de la Esperanza, tan sólo cediéndola a nuestra Hermandad para la procesión del Viernes Santo por la mañana. Sin embargo, por motivos desconocidos cesó dicha relación y en el año 1989 dejó de procesionar, decidiendo la Hermandad conservar su advocación en sus títulos con la esperanza de poder sacarla de nuevo algún día como símbolo de Paz.

 

La Virgen entonces procesionaba encima de un sencillo paso sobre ruedas únicamente ornamentado con los candeleros que actualmente decoran el paso del Cristo del Mar, vestida de blanco como símbolo de su advocación y sosteniendo entre sus manos una paloma de la paz.

 

Un detalle curioso en torno a la primitiva Virgen de la Paz fue la intención de D. Tomás Valcárcel, de confeccionarle un manto bordado con los escudos de algunos equipos de fútbol de toda España en oro, plata, seda y pedrerías sobre tisú de plata color blanco. La aparentemente disparatada idea se materializó en una campaña de captación de fondos que hoy se conocería como crowfunding en la que D. Tomás, de la misma manera que lo hiciese con los alcaldes de la provincia para la confección del manto de la Verónica, dirigió una carta a los presidentes de los clubes de primera, segunda y tercera división solicitando un donativo para que su escudo fuese bordado en el manto como ofrenda a la Virgen. La iniciativa, que sin duda hubiese aportado otra gran joya al patrimonio de la Hermandad, no llegó a materializarse, pues en su mayoría, los clubes, o bien le devolvían las cartas sin abrir o contestaban que su situación económica era precaria y no se lo podían permitir. 

 

Con el paso de los años las aguas volvieron a su cauce y la Iglesia fue desvinculándose progresivamente del anterior régimen y con ello los alicantinos volvieron a acercarse a las hermandades iniciando una recuperación hasta llegar al nuevo siglo. 

S. XXI

 

En diciembre del año 2003, la Hermandad se constituye a instancias del párroco D. Antonio Vivo Andújar como fundadora de la Comisión Cultural de Patrimonio Histórico de la Iglesia de Santa María, organizando los actos de inauguración de la tercera fase de las obras de restauración del templo y recuperando la Capilla Sacramental, Sede Canónica de la Hermandad. Para ello se utilizó como altar para el Santísimo Cristo del Mar el sarcófago que contuvo los restos del arzobispo Cienfuegos, realizado en el siglo XVI en mármol rojo de Aspe. Igualmente, realiza en el mismo tipo de mármol tres altares de nueva planta en donde se entronizan las imágenes de Nuestra Señora de los Dolores, San Juan Evangelista y la Santa Mujer Verónica.

 

Además, la Hermandad costeará íntegramente los trabajos realizados por D. Alfredo Llopis Verdú para solicitar ante el Vaticano el título de Basílica para la Iglesia de Santa María. La Santa Sede firmará el Decreto de Concesión con fecha 2 de marzo de 2006 y en el mes de mayo, aprovechando la inauguración de la exposición La Faz de la Eternidad, donde la Hermandad expone la imagen del Santísimo Cristo del Mar y la Verónica con su Manto Heráldico, el obispo D. Rafael Palmero Ramos, hará pública la consecución de esta importante dignidad del templo para orgullo de toda la ciudad.

 

 

En el año 2012, la Hermandad realizó  gracias a su párroco D. Joaquín López Sierra una concordia con la parroquia de El Salvador a merced de la cual en el mes de junio se trasladó desde la primitiva Capilla de esta parroquia, ubicada en el Barrio Obrero, la magnífica talla del Santísimo Cristo de las Penas hasta la Capilla Sacramental de la Santísima Faz de la nueva parroquia donde permaneció al culto hasta que en el año 2017 pudo ser dispuesto al culto de manera definitiva en la sede de la Hermandad, la basílica de Santa María.

 

CONTINUARÁ

 

 

Reportaje fotográfico cortesía del Diario Información